FIESTA Y CONTRATO

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FIESTA Y CONTRATO NEGOCIOS TAURINOS EN PROTOCOLOS SEVILLANOS (1777-1847)Les combats des taureaux nont pas peu contribu maintenir une certaine vigeur chez la nation espagnole (J. J. Rousseau, Considration sur le gouvernement de Pologne, 1772)Carlos Petit Universidad Onubense

Con el nomen iuris de obligacin de matar toros, obligacin de picador, contrato de matar toros y picarlos, obligacin de atorear, contrata de lidiar toros, obligacin de banderillero, contrata de lidiar y expresiones parecidas los protocolos notariales de Sevilla custodian numerosas escrituras de negocios relacionados con las fiestas de toros. El auge de estas fiestas y su conversin en diversin de masas durante el siglo XVIII, cuando varias instituciones benficas recibieron el real privilegio de celebrar funciones taurinas para financiarse, explica la fecha de los documentos localizados, raros en tiempos de Carlos III, ms frecuentes con Carlos IV y abundantsimos a partir de Fernando VII1. Los contratos aportan un caudal de noticias para la historia de la tauromaquia y, sin embargo, ha sido muy limitado el recurso a una fuente tan valiosa: admira que el verbo escriturar (accin de ajustar por precio la labor de un torero, otorgndose de ello documento pblico notarial), bastante corriente entre los cronistas de antao2, no haya llevado a los modernos historiadores hacia esos papeles de un modo ms decidido3.Adrin Schubert, En la vanguardia del ocio mercantilizado de masas: la corrida de toros en Espaa, siglos XVIII-XIX, en Historia Social 41 (2001), 113-126; Antonio Garca-Baquero Pedro Romero de Sols (eds.), Fiestas de toros y sociedad, Sevilla, Fundacin Real Maestranza Universidad de Sevilla, 2003.1

Cf. Tauromaquia. Contestacin a las semblanzas de los toreros escriturados el ao prximo pasado para la plaza de Madrid (1846), rep. facs. Madrid, Unin de Biblifilos Taurinos, 1994. Y es trmino habitual: Jos Velzquez y Snchez, Anales del toreo. Resea histrica de la lidia de reses bravas (1868), ed. facs. Sevilla, Fundacin Real Maestranza Universidad de Sevilla, 2004, con adiciones (Marcos Fernndez Gmez, Introduccin, xvii-xxxix; Carlos Martnez Shaw, Estudio preliminar, xlii-lxii).2

Cf. en general Jos Mara de Cosso, Los toros. Tratado tcnico e histrico, I, Madrid, Espasa-Calpe, 19604, pp. 592 ss de Contratos y honorarios. En3

2 Apenas puedo citar, en efecto, un par cosas que nos interesen. Hace muchos aos (1886) public unos importantes documentos para la biografa de Jos Delgado (Pepe Illo) el Dr. Thebussem, esto es, el crtico y escritor Mariano Pardo de Figueroa4. Modernamente se cuenta con la excelente, ahora recuperada monografa de Luis Toro Buiza, Sevilla en la historia del toreo (1947), que incluye un apndice documental (pp. 257-270) con extractos de escrituras del oficio 4, datadas a finales del siglo XVIII (escribano Antonio Manuel de Len, aos 1793-1799); algunas de ellas han sido aprovechadas en estas pginas5. Y an ms reciente es el catlogo de instrumentos gaditanos que public el infatigable Manuel Ravina, utilsimo para perseguir la trayectoria de algn torero rondeo pero, sobre todo, de Francisco Montes-Paquiro (o Paquilo) y de su protegido Jos Redondo, el Chiclanero6. Comparados a esos estudios, que, por lo dems, no se detienen en el anlisis de las escrituras, otros que cabe citar encierran un inters francamente secundario; tengo presente el folleto de Antonio Matilla Tascn Toros y fiestas en Madrid (1985), ms preciso en relacin a textos procedentes del archivo municipal que a los papeles de los escribanos. Y aunque alguna escritura notarial ha sido luego editada, cae fuera de mi foco por materia y poca. En fin, slo la coleccin de documentos madrileos publicada por Lpez Izquierdo (1998) puede consultarse con provecho7.relacin a las escrituras de Sevilla habr que esperar el ambicioso estudio de Antonio Luis Lpez Martnez, del que tenemos algn avance: vid. Particin judicial de bienes de Jos Delgado, alias Illo, en esta Revista de estudios taurinos 7 (1998), 135-150; un resumen del documento, con la pertinente cota archivstica, se contiene en el trabajo del Dr. Thebussem citado a continuacin. Cf. Pepeillo. (Notas biogrficas), en La Lidia. Revista taurina, ao 5, n 32 (27 de diciembre, 1886), 3-5.4

Ha sido objeto de nueva edicin en la estupenda coleccin Estudios Taurinos (Sevilla, Fundacin Real Maestranza Universidad de Sevilla, 2002).5

Manuel Ravina Martn, Documentos taurinos en el Archivo Histrico Provincial de Cdiz. (Avance de un catlogo), en esta Revista 2 (1995), 95124.6

Antonio Matilla Tascn, Toros y otras fiestas en Madrid, segn la documentacin notarial (siglos XVI a XIX), Madrid, Artes grficas municipales, 1985. Manuel de Prada, Toros en Huete. Documentos de compra y venta de ganado de lidia, en esta Revista 3 (1996), 125-140 (siglo XVII). Francisco Lpez Izquierdo, Cincuenta documentos sobre historia taurina madrilea (siglos XVII-XIX), Madrid, Unin de Biblifilos Taurinos, 1998; antes, del mismo, Plazas de toros de la Puerta de Alcal (1739-1874), I-II, Madrid, Unin cit., 1985-1988, en particular tomo segundo (pp. 56 ss), con contratos (privados) de 1817, localizados en el archivo de la Diputacin (Comunidad) de Madrid.7

3 Ms all de su importancia para construir la historia de la tauromaquia sobre bases slidas, asunto que escapa por completo de mi competencia, los protocolos permiten conocer la vida prctica de ciertas cuestiones de derecho (pienso en el rgimen de los espectculos pblicos o en las relaciones de prestacin de servicios por cuenta ajena) que no entretuvieron demasiado a la doctrina ni tampoco estimularon las intervenciones legislativas8. Con tales objetivos, las pginas que siguen contienen una rpida descripcin y un primer anlisis jurdico de los pactos taurinos sevillanos celebrados entre 1777, fecha de la escritura con que arranca la serie, y 1847, momento final de la encuesta actual que nos remite a la generacin formada por el viejo Pedro Romero en la Real Escuela de Tauromaquia cuyos alumnos, as Francisco Herrera Gilln (Curro Cchares), Juan Yust o Juan Pastor se encuentran desde luego presentes en el corpus documental9. Incluyo un regesto de casi ciento cincuenta escrituras (no slo hay ajustes de lidiadores, que forman la mayora; tambin estn los asientos de la plaza sevillana con empresarios particulares y los correspondientes contratos de los asentistas con mulilleros, cuchilleros, coheteros, carniceros, ganaderos de reses y caballos)10, guiado del propsito de contribuir aPoco encuentro en Andrs Amors Jos M Dez Borque (eds.), Historia de los espectculos pblicos en Espaa, Madrid, Castalia, 1999, con obligado captulo taurino (A. Amors, Tauromaquia, 507-517).8

Adems, por esas fechas, que marcan un cambio de poca, se celebraron los ltimos festejos en la Plaza Mayor con motivo de las bodas reales de Isabel y Luisa Fernanda (cf. Francisco Lpez Izquierdo, ltimas corridas de toros en la Plaza Mayor de Madrid, en Tauromaquia en Madrid. Artculos sobre historia taurina Madrid, Torreblanca Impresores, 2001, 23-48) y comenz como se sabe la reglamentacin de la fiesta a cargo de las autoridades gubernativas (cf. Antonio Garca-Baquero Gonzlez, Sevilla y la reglamentacin taurina: documentos para su historia [1993], ahora en Razn de la tauromaquia. Obra taurina completa, ed. Pedro Romero de Sols, Sevilla, Fundacin Real Maestranza Universidad de Sevilla, 2009, 157-177).9

ndices de oficios y aos revisados: oficio n 1 (leg. 81326: 1836-1874); n 2 (leg. 18331: 1804-1855); n 3 (leg. 18344: 1818-1843; leg. 18345: 1844-1875); 4 (leg. 18371: 1761-1789; leg. 18372: 1790-1818; leg. 18374: 1835-1837); n 5 (leg. 18377: leg. 1796-1838; leg. 18378: 1839-1867); n 6 (leg. 18396: 1780-1849); n 7 (leg. 18408: 1826-1854; leg. 18409: 1849-1875); n 8 (leg. 18413: 1835-1879); n 9 (leg. 18418: 1845-1863); n 10 (leg. 18427: 1722-1787; leg. 18429: 17991823; leg. 18430: 1824-1833; leg. 18431: 1834-1845; leg. 18432: 1846-1866); n 11 (leg. 18443: 1835-1887); n 12 (leg. 18445: 1823-1864); n 13 (leg. 18467: 1770-1793); n 14 (leg. 18477: 1829-1859); n 15 (leg. 18493: 1800-1842; leg. 18494; 1843-1876); n 16 (leg. 18509: 1838-1878); n 17 (leg. 18516: 18001834); n 18 (leg. 18529: 1800-1834; leg. 18530: 1837-1875); n 19 (leg. 18564: 1740-1768; leg. 18565: 1801-1815); n 20 (leg. 18589: 1801-1841); n 2110

4 la excelente historiografa que viene elaborndose desde finales de siglo11.Y ESCRITURAS. DE NATURALEZA JURDICA

I. CONTRATOS

DESCRIPCIN

GENERAL.

CUESTIONES

Al comparar las escrituras que abren y cierran la coleccin ambas de relativa parquedad observamos que el paso de los aos ha introducido en su tenor diferencias apreciables. En 1777, precisamente el 14 de enero, comparece ante el escribano pblico Francisco Ascarza un Jos Delgado, alias Illo, quien declara haberse concertado con la Real Maestranza de Caballera sevillana para servir en las cuatro funciones de toros que la corporacin organizar ese ao en uso de su privilegio12. Siete dcadas despus, el 7 de septiembre, 1847, Jos Hormigo, Antonio Rivero y Manuel Payn, de una parte, y Jos Daz Cantn, asentista de la plaza de toros, de la otra, otorgan escritura y los primeros se comprometen a participar como picadores en la corrida que debe celebrarse el prximo da 12, a cambio de ciertas sumas; a su vez, el asentista Daz Cantn se obliga a pagarlas aunque la funcin no se ejecute, salvo que sea por mal tiempo, prohibicin de la autoridad u otra incumbencia que escape de su voluntad. Del clebre Pepe Illo13 al picador Jos Hormigo cambia, en primer lugar, el estilo. El primero se presenta como un servidor de(leg.18604: 1814-1839; leg. 18605: 1841-1856); n 22 (leg. 18615: 1840-1858); n 23 (leg. 18635: 1831-1874); n 24 (leg. 18652: 1831-1863). Las escrituras se citan en lo sucesivo por su fecha, lo que permite identificarlas con datos de archivo en el regesto final que acompaa este trabajo. Vaya un recuerdo especial al malogrado Antonio Garca-Baquero Gonzlez, autor de pginas esplndidas; cf. Razn de la tauromaquia cit. (n. 9). Tambin, del mismo y otros, Sevilla y la Fiesta de Toros (1980), Sevilla, Ayuntamiento, 19942.11

En el Archivo de la Real Maestranza de Caballera de Sevilla (tomo III, tenencia 13, carpeta 13, n 3, 1777) hay un testimonio de esta escritura.12

Tal vez no sea ocioso destacar que su firma, en todos los documentos hallados (excepto en la escritura de 1777, en que declara no saber firmar), sustituye el apellido Delgado por el alias, escrito Illo (nunca Hillo). La frecuente inclusin de h, que parece defecto de la poca (cf. Diario de Madrid, 19 de julio, 1790, p. 799: Pepe Hillo, as le ponen en los carteles pero en lo sucesivo quitar la H), tal vez tenga que ver con la letra final de Joseph, combinada con la falta de separacin entre nombre y apelativo (josephillo) por una torpsima caligrafa, segn creo y tambin leo en el trabajo del Dr. Thebussem cit. (n. ), p. 5 (con inclusin de un facsmil de la firma a partir de un documentos de 1800); cf. Cosso, cit. (n. 3), III, Madrid, Espasa Calpe, 19696, p. 222. Quin13

5 la Maestranza (tengo consertado el servir dicha Real Maestranza en las fiestas de los quatro das de toros que se hicieren en su Plaza); los contratantes de 1847 por el contrario son trabajadores (de ejercicio picadores de toros) que, puestos de acuerdo con el empresario, trabajaran en su clase de picadores y por el orden de antigedad en la corrida de toros que ha de jugarse. Indicativo de una posicin contractual igualitaria, Hormigo y sus dos colegas comparecen junto con el asentista para otorgar la escritura que formaliza la relacin, en tanto que el vnculo servil establecido por Illo a favor de la noble corporacin sevillana se traduce en un otorgamiento unilateral, instado por la contraparte en prueba y firmeza de la obligacin que asume el compareciente (para su cumplimiento y que conste[n] las circunstancias con que lo extipulado, se me ha pedido otorgue sobre ello esta escriptura). Y de ese modo, Illo acepta de inmediato vestir para las funciones la ropa que se le entrege y, en particular, seguir las ordenes que se me dieren, las que cumplir inviolablemente sin excusa alguna. El contrato de Illo comparte tono con muchas otras escrituras del mismo siglo. Aunque la expresin servir la plaza y servir la funcin an aparece en la otorgada por Manuel Parra y Juan Jos Jimnez (19 de julio, 1821)14, en general los contratos del siglo XIX, con el verbo trabajar al puesto de servir en el dispositivo del documento, modernizan claramente el lenguaje. Persiste la prctica del otorgamiento unilateral, que slo cede el paso al otorgamiento conjunto si interviene algn contratista de fuera o asentistas particulares que arriendan la plaza del Baratillo y organizan las corridas. Estaramos ante usos contractuales de la aristocrtica real corporacin? Bien pudiera ser, pues otros acuerdos que celebra la Maestranza por esas mismas fechas tambin se presentan como obligaciones unilaterales que asumen, a su favor, el carnicero que despacha las reses muertas en las funciones (22 de marzo, 1795) o el pobre chaln que alquila un postigo de venta en su edificio (1800, 14 de enero)15. Sera un caso similar al ajuste de actores en los teatrossabe si Delgado fue llamado Josefillo, naciendo de la costumbre familiar, por truncamiento, su famoso sobrenombre; cf. Velzquez cit. (n. 2), p. 148: el torero Illo, discpulo de Costillares en sus escapadas al matadero, obtuvo este mote en la casa de matanza. Tambin posteriormente: cf. Juan Garca Nez, alias El Quemado, con Juan Pazos para torear en Badajoz, 23 de junio, 1828; Juan Yust y otros para torear en Ronda, 10 de abril, 1839.14

15

Pero al contratar la Maestranza con Francisco de Acosta (1783, 5 de septiembre; leg. 2899, folios 818 819 vto) la ejecucin de unas obras en la plaza de toros aparece y firma en la escritura Antonio Lasso de la Vega y

6 reales franceses, segn precisa crticamente, al definir el trmino engagement que designara la relacin, un vocabulario de la poca (1824): acte par lequel un comdien soblige envers une dirction pour un temps dtermin et des conditions rciproquement convenues. Dans ceux des thatres royaux les engagements sont signs seulement par lartiste et non, comme cela devrait tre, par le ministre de la maison du Roi ou par le fonctionnaire qui la reprsente. Le contrat ntant pas synallagmatique, une seule des partis se trouve oblige16. Los toreros suscriben nuevas escrituras de obligacin a favor de las empresas durante los primeros aos del siglo XIX pero pronto se introduce la prctica de consignar una clusula de otorgamiento aceptacin, inserta poco antes de los formulismos finales (renuncias legales, fuerza ejecutiva, sumisin a las justicias), en que el escribano resume las convenciones pactadas y, en particular, lo tocante al pago del salario como obligacin principal de quien contrata su trabajo17. Tampoco tarda en llegar el otorgamiento conjunto de la escritura, uso general una vez avanzado el siglo; y no es raro que comparezca el empresario ante el escribano con declaracin de haber ajustado al torero.

Santilln, teniente de hermano mayor, comprometindose al pago de lo ejecutado. A lo que s, tal fue la regla en esta suerte de acuerdos de obra constructiva y artstica: cf. por ejemplo Francisco Sabas Ros Gonzlez, Noticias de escultura (1781-1800), Sevilla, Ediciones Guadalquivir (Fuentes para la historia del arte del arte andaluz, XIX), 1999. Dictionnaire thatral, ou Douze cent trentetrois verits sur les directeurs, rgiseurs, etc. Paris, J. N. Barba et al., 1824, p. 138.16

As, por ejemplo, en la contrata de Manuel Blanco, alias Lucas, con los asentistas de Llerena, 3 de agosto, 1819: E yo el dicho don Juan Camacho que presente soy por mi nombre y como socio de la anunciada mi compaa titulada don Juan Camacho y Cia. y como Asentista que esta es de las anunciadas corridas de toros, haviendo visto odo i entendido esta Escritura otorgo que la acepto en todo y por todo como en ella se contiene y admito y tengo a bien la contrata y obligacin que en favor de la nominada mi compaa y en el mio como uno de mis socios lleva hecha el referido Manuel Blanco Alias Lucas en los trminos que esplica, contra las que no se ira ni bendra con ninguno motivo ni pretesto, y en su consecuencia obligo a dicha mi compaa y yo me obligo a dar y pagar al nominado Manuel Blanco en la advertida moneda efectiva de Plata y oro y no Vales Reales los esplicados doce mil reales de vellon inmediatamente que sea concluida la ultima de dichas tres corridas Veo estas clusulas desde los primeros aos del siglo XIX cuando no interviene la Real Maestranza (vid. contrato de Jos Yncln y Joaqun Daz, para torear en Beja, Portugal, 25 de mayo, 1805).17

7 Las viejas escrituras de un solo otorgante se remiten a un contrato previo, por lo comn una (desconocida) estipulacin verbal: ah se encontrara el pacto sinalagmtico que echaban en falta los comediantes de Francia y que reflejan las cartas notariales sevillanas al mencionar la institucin a quien se sirve y el nombre de sus representantes efectivos (otorgo a favor de la Real y Mui Illustre Hermandad de Maestranza de Cavalleria de esta dicha Ciudad, de la que es Hermano Mayor el Serenssimo Seor Infante don Luis, y de los seores Don Andres de Madariaga y Bucareli y Vrsua Marques de las Torres como su Teniente [de] Hermano Mayor y Don Antonio Las[s]o de la Vega como Fiscal de ella, leemos en la escritura de 1777, antes citada). No consta que maestrantes y toreros recogieran sus convenios en contrato privado; en el archivo de la institucin tan slo he encontrado cartas de oferta y una suerte de pro memoria o minuta destinada a facilitar el posterior otorgamiento de escritura18. La redaccin de documentos privados en prueba de la relacin fue usada por el contrario en Madrid, cuya temporada de festejos a beneficio de los Reales Hospitales, como se sabe rivaliz con la sevillana; al menos, entre los papeles de la Junta de Hospitales que custodia la Biblioteca Nacional19 he visto hasta siete contratos de comienzos del siglo XIX (1801-1808) que dan alguna noticia de esta modalidad documental20. Generalmente breves y despojados de los etctera notariales, recogen la declaracin tambin unilateral del lidiador a favor de la Junta (as: Digo yo Antonio de los Santos queArchivo cit. tomo IX, tenencia 23, carpeta 1, 1798, con una relacin de escrituras que se han de hacer donde, en rpidos apuntes, se indican los picadores, espadas, medias espadas y banderilleros de Cdiz con sus nombres y la suma de contratacin: por ejemplo, Espadas. Jos Romero y Francisco Garcs, ganando cada dia 2.600 rs. cada uno, con las condiciones referidas (esto es, las anotadas en el prrafo anterior, de picadores: que se han de presentar dos das antes de los de las corridas, y que esta Plaza es con antelacin a las dems que puedan tener). Muchas dcadas ms tarde, la escritura de Juan Pastor para torear en Almagro (10 de agosto, 1847) contiene una carta privada, objeto de protocolizacin, que fija las condiciones econmicas del acuerdo.18

Papeles referentes a corridas de toros celebradas extramuros de la Puerta de Alcal, por cuenta de los Reales Hospitales General y de la Pasin, de Madrid, 80 h., ss. XVIII-XIX (BN Res/59). Son los contratos de los banderilleros Joaqun Dez (7 de abril, 1801), Manuel Rodrguez (31 de enero, 1801) y Alfonso Alarcn (31 de enero, 1801), del media espada Juan Nez, alias Sentimientos (30 de marzo, 1801) y de las primeras espadas Antonio de los Santos (31 de enero, 1801), Gernimo Jos Cndido (26 de octubre, 1808) y Francisco Herrera Guilln (25 de octubre, 1808).19

Ms datos de contratos madrileos en documento privado ofrece Lpez Izquierdo, Documentos cit. (n. 7), pp. 113 ss20

8 por este me obligo en bastante forma trabajar en clase de primera espada; ms rara vez: Condiciones con que se obliga venir a trabajar en las corridas del ao proximo de 1809 Geronimo Josef Candido), contienen unas cuantas clusulas que condicionan la obligacin del torero al pago de la gratificacin establecida e incluyen, finalmente, compromisos de permanencia, designacin de la cuadrilla y previsiones para el evento de herida o enfermedad que impida participar en la lidia. La sencillez formal ha permitido en una ocasin aadir nuevos pactos al contrato antes firmado21. Conste en documento pblico o en documento privado, el contrato taurino no recibe una calificacin jurdicamente precisa. Antes vimos una muestra, tomada de las mismas escrituras: contrata, contrato, obligacin son los trminos empleados, sin incidir nunca en la naturaleza del pacto en cuestin. Por supuesto, al objeto de fijarla resulta del todo indiferente la forma documental; tratndose de la prctica sevillana, ahora nos preocupa el tipo o tipos contractuales del acuerdo que recoge la escritura. En 1841, 4 de agosto, se conciertan Antonio Snchez y otros con Juan Prez, maestro cohetero del barrio de la Magdalena, para realizar unos castillos de fuegos artificiales durante las corridas de toros que tendrn lugar prximamente en Llerena. Se establecen los motivos y decoracin del ingenio (la cercana de la primera guerra carlista explica que se represente la toma de Morella), la atribucin de los gastos de transporte de personas y materiales, la asistencia de los hijos del pirotcnico en las mesas de fuegos y, por supuesto, el precio de la funcin: mil reales, reducidos a la mitad si el pblico se burla por una mala ejecucin. Jurdicamente la relacin establecida persigue el logro de un resultado el espectculo de los fuegos de artificio a cambio de precio cierto, mediante el ejercicio de una actividad profesional y la manipulacin de unos materiales. En 1816, 4 de septiembre, un Joaqun Palomino, comisionado por el comandante general de Extremadura, contrata con Juan Garca Nez, alias el Quemado, sevillano del barrio de San Bernardo, torear con su cuadrilla en Badajoz los das 22, 24 y 26 de ese mes y matar los toros que se le echen sin poder faltar a ninguna de las tres funciones; a cambio recibir 15.000 reales en efectivo de oro o plata, tan luego como se concluyan dichas tresEs el caso del ltimo contrato citado, en cuyo dorso aparece una nueva condicin: 5. Despues de las propuestas que hizo este interesado [Herrera Guilln] verific asimismo la de que se le admitir para las Corridas del ao prximo un Picador, en inteligencia de que ser bueno, y es Juan Gallego. Cf. Cosso cit. I (n. 3), p. 592.21

9 funciones de toros. Otra vez se trata de ofrecer un espectculo, pero aqu el resultado pactado la muerte de los toros a manos del Quemado es el momento final de una compleja actuacin que requiere gran destreza. Veamos una tercera posibilidad. 1838, 18 de diciembre. Francisco Javier de Crdenas, marqus de Graina etc., teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballera, otorga con Jos Borrego y Jos Villegas escritura del arriendo de la plaza de toros propiedad de esa corporacin para los meses de abril a junio de 1839, por un precio de 13.000 reales a pagar en tres veces. Los empresarios asentistas podrn organizar las corridas que quieran y autorice el gobierno y corrern lgicamente con los gastos, incluso ciertas obras y reparaciones en la plaza, declarndose an responsables por los daos que se produzcan en los enseres empleados en las funciones, tambin propiedad de la Maestranza, que reciben segn inventario. Estamos ahora en 1784, 12 de enero. Nuestro conocido Jos Delgado, alias Illo, que se dice vecino de Espartinas, acepta el nombramiento concedido por la Real Maestranza a ttulo de Matador de espada en primer lugar para en todas las funciones de Toros que anualmente celebrare en su Plaza que tiene extramuros de esta ciudad, dndo[sele] por dicho Real Cuerpo nueve mill y quinientos reales de vlln. cada un ao en inteligencia que este mismo salario me a de correr aun quando me resulte la desgracia que usando de este servicio me coxa algn toro y dexe maltratado, de modo que no lo pueda voluer usar ni executar. Si la Real Maestranza organizare corridas fuera de los festejos habituales Illo se compromete a matarlas sin otra retribucin (a excepcin de la adeala o gratificacion que por esta rason voluntariamente me quisiere librar por aquel travaxo: sumas en metlico, prendas de vestir o alguna pieza de las reses muertas?). Como cabe apreciar, el matador se pone al servicio de la corporacin con independencia de otros posibles compromisos (la de seruir con antelazin a otras qualesquier funciones de toros que en esta ciudad y fuera de ella aun que sea en reinos estraos y con aventaxadas utilidades y conveniencias se me puedan presentar), posicin subordinada que se acenta en una clusula final, del siguiente tenor: Y en el caso de cometer algun delito o culpa indecoroso criado de tan Real Cuerpo, y de desatencion este o qualesquiera de los cavalleros sus yndiuiduos en qualesquiera de ellos les queda aruitrio la misma Real Maestranza para deponerme de su seruicio y io de quedar sin ningun derecho el de que como v espuesto de pedir la manutencin, salario ni otra alguna accin por que por el mero

10 hecho de despedirme con alguna de las justas causas consiento no ser odo ni admitido en juicio ni tampoco ser acrehedor dicho salario anual quando fuera de su seruicio por mi culpa me acaeciere la ynauilitazion de poderlo usar y cumplir lo que lleuo estipulado. Atencin y decoro, servicios indeterminados, salarios, manutencin son trminos que delimitan un terreno de derechos y deberes que resume muy bien el primera espada al decirse criado de tan Real Cuerpo. Un nuevo salto cronolgico nos sita ahora en 1829 y ante el quinto supuesto que conviene analizar. El 24 de febrero de ese ao Juan Len, de Sevilla (calle Tintores), se concierta con Manuel Gavira, de Madrid, empresario de su plaza de toros representado en el acto por Hiplito Antonio Adalid, para trabajar de primera espada en las funciones que han de ejecutarse en el presente ao en aquella Plaza de toros, con el compromiso de indemnizar cualquier perjuicio que cause a Gavira una eventual inasistencia; a su vez, ste le compensar los gastos de viaje y estancia (24.000 reales), pagndole por su trabajo en cada corrida completa 2.000 reales, reducidos a 1.500 por media corrida. Podr llevar el matador tres banderilleros, cuyo salario tambin se acuerda (400 y 300 reales), as como los gastos (1.200 reales). Hay ciertas clusulas particulares la ms llamativa obliga al empresario a solicitar una real orden para que Juan Len, conocido liberal22, pueda efectivamente actuar en la srdida corte de Fernando VII pero aqu basta recordar que el ajuste concertado no le impide lidiar en otras plazas, salvada la debida preferencia que toca siempre a Madrid. Permita el lector que alegue una sexta y ltima modalidad contractual. 1841, 4 de agosto. Manuel Sevilla, contratador de carnes, vecino de Sevilla, y de la otra parte Francisco Ru, Jos Gimnez, Jos Ruiz, Juan Lam, Juan Asencio, Francisco Lpez, Timoteo Caballero, Manuel Cevallos, Francisco Moreno, Juan Prez (alias Lanicha), Fernando Arestoy, Juan Manuel Fabre, Manuel Mateos, Antonio Moreno y Manuel lvarez, todos de Sevilla, mayores de 25 aos y de ejercicio cortadores, declaran haber obtenido permiso para ejecutar una corrida de novillos de dos tres aos, el prximo da 15. Aunque la participacin en la lidia de estosVelzquez cit. (n. 2), p. 191: vestido de luto riguroso (negro) en competencia con el realista (blanco) Antonio Ruiz, estuvo a punto de perecer en las garras de los absolutistas al ir a la plaza de toros una tarde de 1824. El mismo Velzquez recuerda (p. 201) la muerte a garrote vil del carlista Manuel Lucas Blanco por haber matado (1837) al miliciano Manuel Crespo en una tienda de la calle Fuencarral.22

11 quince operarios es muy desigual (por ejemplo Ru debe matar dos novillos, Arestoy banderillear y sortear y el llamado Lanicha slo tiene que picar el cuarto novillo de la tarde) se pacta el reparto a partes iguales del tercio de las ganancias que se obtengan; los restantes dos tercios quedan para Manuel Sevilla, quien suponemos corre con los gastos (canon por arriendo del ruedo, compra de reses bravas y caballos, pagos al personal subalterno, cartelera) como empresario que es de la funcin. A excepcin del ltimo supuesto, que, como veremos, presenta la estructura propia del contrato de sociedad, los dem constituyen manifestaciones de una misma figura jurdica. En efecto, no obstante su variedad suponen el disfrute de una cosa o la prctica de una actividad humana por un tiempo limitado a cambio de precio. Pero ah comienzan los problemas. La categora que los engloba, segn se habr adivinado, es el contrato de arrendamiento. En la longeva definicin de las Partidas, de la que parte, entre tantos textos, un manual de derecho muy difundido en los aos que abarcan nuestras escrituras23, ese contrato surge propiamente quando vn ome loga a otro, obras que ha de fazer con su persona, o con su bestia o otorgar vn ome a otro poder de vsar de su cosa por cierto precio, que le ha de pagar, en dineros contados (Partidas 5.8.1); esto es, el objeto del contrato son obras que ome faga con sus manos, o bestias, o nauios otros el vsufructo de heredad o via, en Partidas 5.8.3. Las leyes siguientes aaden alguna casustica, pues el ttulo de los logueros, e de los arrendamientos se extiende sobre los salarios de abogados y oficiales (5.8.9), sobre el trabajo de los orfebres (5.8.10), maestros (5.8.11, con precisiones sobre el ius correctionis) y pastores (5.8.15), sobre las mejoras en cosas arrendadas (5.8.27), inmuebles dados a censo (5.8.28) o arrendamiento (5.8.7), en fin, sobre el alojamiento (5.8.26) y el transporte de cosas y de gentes (5.8.8 y 13). El pago de la renta o merced y la responsabilidad del arrendatario en el uso o manipulacin de la cosa logada son las principales cuestiones jurdicas que abordan estas leyes.

Ignacio Jordn de Asso y Miguel de Manuel y Rodrguez, Instituciones del derecho real de Castilla (1771), Madrid, Impta. de Ramn Ruiz, 17925, pp. 216 ss. El derecho contractual de Partidas, con una seleccin de la doctrina castellana, ha ocupado recientemente a Enrique lvarez Cora, La teora de los contratos en Castilla (siglos XIII-XVIII), Madrid, Colegio de Registradores de Espaa, 2005, pp. 369 sobre alogamiento y arrendamiento (locacin de obra o servicios en pp. 390 ss). Y para la literatura jurdica moderna he contado con el amigo civilista Csar Hornero.23

12 Muchos aos despus, cuando la codificacin del derecho domina (desde 1804, fecha del Code civil des franais o Code Napolon) la cultura jurdica europea aun en pases atrasados, como Espaa: nuestro cdigo civil se promulga en 1888 una conocida obra de referencia ofrece una versin ms depurada de la definicin anterior, manteniendo sin embargo la sustancia: el arrendamiento sera aquel contrato bilateral por el que una de las partes transfiere y asegura la otra el uso y disfrute de una cosa de su trabajo por cierto tiempo y mediante el precio que esta se obliga satisfacer24. A falta de cdigo los proyectos espaoles (1821, 1836, 1851) combinan las normas contractuales histricas con las formas y las reglas de la ley moderna bajo el influjo francs; por ejemplo, el texto de 1836, siguiendo la concepcin napolenica25, distingue claramente la locacin de una cosa (con disposiciones particulares para fincas rsticas y edificios, la aparcera y el arrendamiento de ganados) del arrendamiento de obra (arts. 1240 ss, De los contratos o ajustes de obras) y de la locacin de servicios (arts. 1259 ss, Del servicio personal: jornaleros, criados, aprendices)26. En realidad, las Partidas y los cdigos liberales lo mismo cabe afirmar de la pobre literatura jurdica elaborada con esos cdigos a la vista27 recogen (pero modifican) la tradicin de la locatio conductio romana, uno de los cuatro contratos consensuales por elLorenzo de Arrazola (dir.), Enciclopedia espaola de derecho y administracin, o Nuevo teatro de la legislacin universal de Espaa e Indias, III, Madrid, Impta. de los seores Andrs y Daz, 1850, s. v. Arrendamiento, p. 65724

Cf. Code Napolon, arts. 1708 ss, donde el legislador renuncia a una disciplina unitaria del contrato arrendaticio a favor de las varias sortes o genres de louage, determinadas en razn del objeto. Introduce en la disciplina Judith Sol Resina, Arrendamiento de obras o servicios. (Perfil evolutivo y jurisprudencial), Valencia, Tirant lo Blanch, 1997, pp. 50 ss.25

El texto del proyecto ha permanecido indito hasta Juan Francisco Lasso Gaite, Crnica de la codificacin espaola. 4. Codificacin civil, II, Madrid, Ministerio de Justicia, 1979?, apndice tercero en pp. 89-320. Sobre estas fuentes Sol cit. (n. 25), pp. 71 ss.26

Al Arrazola cit. (n. 24) podemos aadir Ramn Mart y de Eixal, Tratado elemental del derecho civil romano y espaol, II, Barcelona, Impta. de Joaqun Verdaguer, 1838, pp. 227 ss; Pablo Gorosbel, Redaccin del cdigo civil de Espaa, Tolosa, Viuda de la Lama, 1832, pp. 167 ss. Cf. tambin Cirilo lvarez Martnez, Instituciones de derecho civil, Valladolid, Impta. Julin Pastor, 1840, pp. 268 ss, donde, tras una radical distincin de arranque (el arrendamiento puede ser de cosas de obras. Hay que establecer esta distincin para poderle definir exactamente), apenas merece atencin el arrendamiento de obras y servicios.27

13 que el arrendador o locator pona a disposicin del arrendatario (conductor) una cosa (una casa, un animal, un esclavo) a cambio de precio (merces), con el compromiso de restituirla una vez expirado el plazo de concesin28. Si recordamos la importancia del arrendamiento de esclavos, cosas para el derecho, no hay duda que el contrato tena en Roma un objeto unitario: el disfrute de la casa o tierra tomada en alquiler equivala al trabajo del esclavo arrendado por su dueo, fuese ms o menos especializado. Por el contrario, la labor del artesano, dueo de la materia que manipula para su cliente, encerraba un supuesto de compraventa de cosa futura, en tanto los servicios de mayor consideracin social (la actividad de preceptores, causdicos, oradores, mdicos) eran encargos de confianza comprendidos en el mandatum: otro convenio tambin consensual pero naturalmente gratuito, lo que no exclua el agradecimiento del mandante expresado en el pago de un honorarium (mandato retribuido). Las dificultades derivadas para este sencillo esquema a causa de la difusin del trabajo libre, unidas a la desconsideracin (social y jurdica) de las labores manuales (dichas mercenarias) en los tiempos premodernos, llevaron a los juristas a distinguir en el viejo arrendamiento varias modalidades, luego consagradas en los cdigos: locacin de una cosa (locatio conductio rei), ejecucin de una obra (locatio conductio operis) y prestacin de servicios (locatio conductio operarum)29; en rigor, tres contratos distintos, aunque hermanados legislativamente por el peso de la tradicin. Las prestaciones de los profesionales liberales a cuyo respecto la singularidad del que las realiza y la confianza entre las partes destacan sobre cualquier otra consideracin siguieron atrapadas en las redes del mandato (retribuido), sin que el Code Napolon y algunos de sus secuaces30 introdujeran un rgimenCf. ngel Gmez-Iglesias Casal, La influencia del Derecho Romano en las modernas relaciones de trabajo, Madrid, Civitas, 1995, con su bibliografa.28

Cf. Jordn de Asso y De Manuel cit. (n. 23), p. 217: se pueden arrendar [I] todas las cosas de cuyo uso nos podemos aprovechar [II] las obras, y trabajos agenos. Pero el autor ms relevante para la elaboracin de los cdigos ha sido, tambin a este propsito, el francs Robert-Joseph Pothier: cf. Manuel Alonso Olea, Breve nota sobre el arrendamiento de servicios en Pothier, junto con la traduccin de algunos pasajes del mismo, en Revista de poltica social 117 (1978), 185-195.29

Adems del espaol, cf. Codice civile (1865), arts. 1568 ss. Otra va siguieron al regular aparte la prestacin de servicios por dinero los cdigos germnicos, del austraco (1811), . 1151 ss, al alemn (1900) . 611 ss, ms el cdigo suizo de las obligaciones (1881); entre los latinos merece destacarse, por su originalidad germnica, el cdigo civil portugus (1867), cf. arts. 1370 ss, Do contracto de prestao de servios.30

14 diverso: no se conceban ms servicios que los propios del sirviente domstico o el jornalero, trabajos mecnicos por definicin, de aquellos que causan, a tenor del modelo poltico gaditano, la suspensin de la ciudadana (cf. art. 25, 3, Constitucin de 1812, sobre lo que volveremos). Y aunque el trabajo por cuenta ajena fuese cosa cotidiana tras la revolucin industrial, a pesar de las propuestas31 la configuracin autnoma de un contrato de trabajo tuvo que esperar hasta bien entrado el siglo XX32. De nuevo pido disculpas por los prrafos anteriores, acaso demasiado rpidos aunque tiles para analizar los documentos taurinos como se debe. De todo lo recogido queda claro, en primer lugar, que la escritura otorgada por el marqus de Graina, Jos Borrego y Jos Villegas en 1838 presupone un simple arrendamiento de cosa (la plaza de toros, con sus dotaciones). Las partes se comprometen, la una, a ceder el tranquilo uso de la plaza y sus enseres para las corridas de 1839 (meses de abril a junio); la otra debe pagar un precio, que se fija en 13.000 reales, y devolver en buen estado los objetos recibidos. Los gastos del espectculo lo mismo que la solicitud de licencia para ofrecer los festejos corren por cuenta de los arrendatarios, y as, las impensas necesarias para acondicionar la plaza de la Maestrana sevillana en seguridad y buena vista nunca seran consideradas una de esas mejoras en la cosa arrendada que debe compensar el propietario (cf. Partidas 5.8.24). Otra de las escrituras recordadas es ajena al arrendamiento. Se trata del ajuste (1841) de unos cortadores con el carnicero Manuel Sevilla para una novillada, que, como adelant, encaja perfectamente en el tipo contractual de la sociedad (compaa). Tal clase de pactos, ensean las Partidas, suponen el ayuntamiento de dos omes, o de mas, que es fecho con entencion de ganar algo de so vno (Partidas 5.10.1), dndose en el ejemplo alegado todos los elementos de validez que exige el derecho: consentimiento de las partes (cf. de

Una bastante temprana: A. Renouard, Sur le contrat de prestation de travail, en Journal des conomistes, 2me. Srie, 13/I (Janvier Mars 1854), 161-190; 13/II, (Avril Jouin 1854), 5-27, con un ttulo articulado sobre la nueva figura, destinado a la deseable reforma del Code Napolon.31

Al menos en Espaa, donde la primera regulacin general de ese contrato se retras hasta 1926 (Real Decreto-Ley de 23 de agosto, Cdigo de Trabajo). Y as, en contraposicin al contrato laboral, dominado por la idea de subordinacin o dependencia del prestador respecto a las rdenes del patrono, la prestacin del profesional liberal (tpicamente, mdicos y abogados) pas a considerarse por fin un arrendamiento de servicios.32

15 nuevo la ley 1), licitud del objeto (una de esas cosas guisadas e derechas de Partidas 5.10.2), aportaciones econmicas ciertas (de una parte, los gastos de la novillada; de la otra, el trabajo de la lidia) y, en fin, reparto equitativo de ganancias y prdidas (pues si acaba la novillada sin beneficios el empresario carga en solitario con los gastos, pero los toreros se habrn esforzado en vano)33. No es obstculo para esta calificacin que la asociacin realice un nico y singular negocio, pues pvedese fazer la compaa sobre vna cosa sealadamente, como en vender vino o pao, o cosa semejante (Partidas 5.10.3). Las dems escrituras, como la mayora del corpus documental aqu en estudio, corresponden a contratos de locacin de obra o de servicios, en los que A asume una obligacin de hacer a favor de B, quien paga por ello un precio (facio ut des), aunque en la obra el arrendador-artesano se obliga generalmente a un des frente a su cliente-arrendatario (la entrega de la cosa construida o transformada por el trabajo de aqul). Pero cmo valorar un objeto de naturaleza inmaterial? Quedara un espectculo excluido del arrendamiento de obra? En el derecho actual, a pesar de las controversias que provoca una regulacin legal insuficiente y anticuada34, la respuesta sera negativa. Tengo mis dudas en relacin al momento que nos interesa, pues escasean los pronunciamientos35. La pobreza de la doctrina apenas deja entrever una cierta insistencia en torno a dos supuestos principales, que parecen agotar la reflexin: el criado domstico es el prototipo de prestador de servicios (en segundo lugar se menciona tambin al jornalero y al aprendiz), mientras el contrato de obra seMas si fazen [los socios] pleyto, que el vno que ouiesse toda la ganancia: e que non hobiesse parte en la perdida, o toda la perdida fuesse suya, e non ouiesse parte en la ganancia, non valdria el pleyto que desta guisa pusiesen (Partidas 5.10.4). La regla lcita en la ley 7, en que manera deuen ser partidas las ganancias, e los menoscabos que fizieren los compaeros quando es fecha la compaia sobre la cosa sealada.33

Juan Francisco Ortega Daz, Hacia un concepto clarificador de servicio. El contrato de servicios como tipo contractual general, en Revista Crtica de Derecho Inmobiliario 84 (2008), 221-270. En nada qued una ltima propuesta de reforma (1994) del envejecido rgimen codificado: cf. Jos Gonzlez Garca (coord.), Contratos de servicios y de obra. Proyecto de Ley y Ponencias sobre la reforma del Cdigo civil en materia de contratos de servicios y obra, Jan, Universidad de Jan, [1996].34

Pero cf. Renuard cit. (n. 31), p. 172: el concepto de chose usado en el art. 1710 del Code civil (le louage douvrage est un contrat par lequel lune des parties sengage faire quelque chose por lautre, moyennant un prix convenu entre elles) significara tanto una cosa material como la prestacin de servicios y otros actos.35

16 describe pensando siempre en la construccin de un edificio36. Y no es mucho ms lo que podemos obtener a partir de los contratos de actores y cantantes37. En realidad, cuando no est en juego la produccin de un objeto material, como sucede en los convenios taurinos, la distincin entre ambas especies arrendaticias resulta ms bien secundaria: por ejemplo, no cabe plantearse la interesante cuestin de la responsabilidad por destruccin de la cosa obrada ni las consecuencias jurdicas derivadas de una defectuosa ejecucin. Sin extremar los anlisis dogmticos debemos admitir que los contratos en estudio siguen lneas diferentes. Por ejemplo, el acordado por los asentistas de la plaza de Llerena y el cohetero Juan Prez en 1841 encierra, en mi opinin, una autntica locacin de obra38. Interviene el ejercicio de una actividad humana por cuenta ajena contra el pago de un precio en dinero39, mas el artesano acta de modo autnomo en la prctica de su trabajo y la retribucin se le debe, no tanto por el simple hecho de trabajar, sino por realizar, mediante el trabajo, un buen espectculo; en otras palabras, la labor profesional del cohetero (diseos, mezclas explosivas, montajes pirotcnicos) slo resulta relevante en la medida en que produce elAs, por ejemplo, en el manual ms difundido: Pedro Gmez de la Serna Juan Manuel Montalbn, Elementos del derecho civil y penal de Espaa, II, Madrid, Impta. Snchez, 18555, pp. 227 ss. Entre los proyectos de cdigos es buena muestra de lo dicho el ya citado de 1836.36

Cf. Adolphe Lacan Charles Paulmier, Trait de la lgislation et de la jurisprudence des thatres I, Paris, A. Durand, 1853, pp. 240 ss; Dictionnaire du notariat V, Paris, Journal des Notaires et des Avocats, 18554, s.v. engagement dacteur, pp. 412 ss, donde al supuesto comn del arrendamiento se aade tambin el contrato de sociedad. Pero interesa sobre todo insistir en el rgimen (civil) del louge douvrage et dindustrie y, por tanto, en la inaplicabilidad a estos ajustes del cdigo de comercio y la temible disciplina de la quiebra.37

Tambin lo sera el contrato que celebran los asentistas Jos Arjona y Juan Len con el maestro cuchillero Francisco del guila, 20 de febrero, 1837? Esta contrata de picas y vanderillas, a razn de 200 reales por funcin de toros (ms seis entradas gratis), tal vez encierre un simple contrato de compraventa (de cosa futura, como seran las piezas punzantes encargadas?).38

Primero: que concluido el ultimo toro del primer dia de funcion, h de presentar el Juan Perez una mesa de fuego, junto la que han de estar sentados ynterin se quema, sus dos hijos Isidoro y Jos Perez, y una Bateria figurando la toma de Morella, compuesta de dos lienzos de muralla, y para la segunda tarde un arbol tambien de fuego, de quince a diez y seis varas de alto, con su balla alrededor de el, y cuatro barcos en cuerda, en trminos que el fuego ha de salir del arbol con quien se batiran los barcos, cuyo castillo h de componerse de tres cuerpos y su remate.39

17 logro apetecido. De forma elocuente, la escritura vincula la retribucin con el resultado al pactarse que si las indicadas piezas de fuego no salieren bien hechas en trminos que el publico se burlase de ellas. no ha de percivir el Juan Perez, mas que la mitad de la cantidad estipulada, que son quinientos reales de velln. El ciudadano Juan Prez es un honesto artesano de la Magdalena, maestro en un oficio iliberal, y ya se sabe: son objeto del arrendamiento de industria personal solo los servicios iliberales (Gorosbel, art. 765). La precisin nos vale para comprender que su arriesgado desempeo, al fin y al cabo un trabajo manual, nada tiene que ver con otras prcticas profesionales que se quieren ms elevadas, comprendidas en la categora del mandato. No es esto decir que no puedan ser materia del arrendamiento, ensea por ejemplo la Enciclopedia de Lorenzo de Arrazola (III, p. 770), otra clase de trabajos personales, mas nobles y elevados que puede prestar el hombre cuando en la prestacin de ellos concurriesen todas y cada una de las condiciones esenciales de este contrato. Lo que queremos significar es que cuando el trabajo los servicios son de cierta especie elevada y tienen en su misma ndole una importancia tan reconocida que no permiten que se confundan con otra clase de servicios y trabajos, la prestacin de ellos no constituye por este solo hecho y por el hecho de recibir una recompensa, las mas de las veces casi siempre no convenida, un contrato de arrendamiento. Se tiene en mente a los literatos, abogados y mdicos, responsables de trabajos en que predomina la inteligencia y se realizan por encargo que admitia de suyo una recompensa. Faltara en estos pactos una convencin acerca del precio; si media pago del servicio nunca ser en concepto de canon o merced, sino como un honorario de ndole casi graciosa, pues quin podra apreciar en dinero efectivo la belleza de un poema, la salud corporal, la defensa eficaz de la honra y de la vida? El gusto por el mandato retribuido que acredita la literatura jurdica no slo la doctrina espaola40 se sustenta segnCf. Mart de Eixal cit. (n. 27), p. 268; para Francia, V. Marcad, Explication thorique et pratique du Code civil VI, Paris, Delamotte et Fils, 18686, pp. 522 ss, con sus crticas a Troplong y Championire, ambos partidarios de excluir, en lnea con Pothier y siempre a favor del mandato, las prestaciones de profesionales liberales del rgimen de la locacin de obra; para Marcad el ms original de los comentaristas del cdigo napolenico, dicho sea de paso se tratara ms bien de un contrato sui generis. Pero este romanismo doctrinal contradice las previsiones de las Partidas, que trataban como arrendamiento los servicios mdicos (5.8.10: de los fsicos, de los cirujanos e de los albayteres) y docentes (5.8.11: maestros de escolares y menestrales con aprendices); cf.40

18 comprobamos en la tipologa de los servicios profesionales insinuada hace un momento: aqulla que diferencia los trabajos mecnicos (in opera vili et mechanica) de los liberales (in exercitio excellenti)41. Los primeros son mercenarios, esto es, pagados a dinero (a falta de pacto expreso, bastara fijar el precio segn la costumbre del lugar o por juicio de peritos); los segundos, en rigor impagables, obedecen a un acto de confianza aunque den derecho a recibir los honorarios: pero se trata de una previsin aneja o accesoria al autntico pacto42. Segn los casos la relacin ser regulada por el rgimen del arrendamiento o por el propio del mandato, variando por supuesto las consecuencias: as, los gastos necesarios para realizar el encargo corren por cuenta del mandante (Partidas 5.12.20), pues el contrato frente al carcter oneroso que siempre presenta la locacin es gratuito por naturaleza; adems se responde de la correcta ejecucin por culpa aun levsima, lo que faltara en el arrendamiento43. Los documentos taurinos analizados corresponden a un momento de transicin. De un lado, la condicin degradada del trabajo manual (con la correlativa apreciacin social del trabajo letrado) sobrevive en el lxico y las conciencias, aunque sometida a una progresiva erosin: en 1780 mecnico se dice de [1] lo que se executa con las manos, siendo adjetivo [2] que se aplica los oficios baxos de la repblica; como: zapatero, herrero y otros; y as se diferencian los oficios en mecnicos y artes liberales, pero tambin equivale, en general, [3] a cosa baxa, soez, indecorosa44. A finales de nuestro perodo (1843) mecnico se ha convertido en [1] el que profesa la mecnica y sobre todo en [3] lo que pertenece

tambin Partidas 5.8.9, sobre los maestros de las sciencias, que han salarios ciertos, cada ao del Rey. Con tal distincin arrancaba un exponente del ius commune tardo: cf. Vincenzo Caroccio, Tractatvs locati et conducti, Venetiis, Apud Bertanos, 1649, pars prima, fol. 1, nn. 1-2.41

Y de ah la costumbre social, hasta hace poco seguida, de dispensar regalos a mdicos y abogados en ciertas fechas sealadas, como muestra de agradecimiento.42

Cf. lvarez cit. (n. 27), p. 283. A partir de la relacin de confianza caracterstica del contrato de mandato el proyecto de cdigo civil de 1836 admite el incumplimiento cuando surge enemistad entre las partes (art. 1415, 2).43

Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Espaola, Madrid, Joaqun Ibarra, 1780, p. 614.44

19 los oficios obras de los menestrales45 sin cargarse por tanto las tintas en la bajeza de una profesin. Se dira que jug algn papel en los cambios culturales la real cdula de Carlos III (18 de marzo, 1783, con Campomanes como autor de la consulta en que se fundamenta la medida) que consider a los artesanos de cualquier condicin (artes y oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero, y otros este modo) sbditos muy dignos de ocupar cargos municipales y hasta de merecer un improbable ennoblecimiento46. De otro lado, la dura prdida del voto que sufre el sirviente en nuestra primera experiencia constitucional con imposibilidad de pertenecer a la milicia nacional: cosas de la suspensin de la ciudadana segn la carta de Cdiz47 oblig a dar una interpretacin restrictiva al concepto de servicio domstico (la ms despreciable, sin duda, entre las ocupaciones lcitas, en opinin de los juristas)48 y por tanto favorable a otras especies de trabajadores (campesinos, escribientes, artesanos). Bajo la referida voz [sirviente], aprobaron las Cortes (1821), solo deben comprenderse los criados que estipulen contraten prestar las personas de sus amos como objeto principal algn servicio casero y puramente mecanico, con exclusion de otro cualquiera que pertenezca las labores ejercicio de campo, y de los relativos las ciencias, artes,Diccionario de la lengua castellana. Por la Real Academia Espaola. Novena edicin, Madrid, Impta. Francisco Mara Fernndez, 1843, p. 467.45

Cf. Antonio Xavier Prez y Lpez, Teatro de la legislacin universal de Espaa Indias, XX, Madrid, Antonio de Espinosa, 1797, texto en pp. 75 ss. Pas a la Novsima Recopilacin 8.23.8, acompaada de una nota (real cdula de 4 de septiembre, 1803) que correga posibles lecturas opuestas al honor de las Ordenes Militares y Nobleza Espaola [a] constituir, aun entre los mismos oficios mecnicos, una igualdad que seria quimrica por la diversidad de objetos y utilidades.46

Cf. Carlos Petit, Amos, sirvientes y comerciantes. Algo ms sobre el primer modelo constitucional, en Carlos Petit (coord.), Derecho privado y revolucin burguesa, Madrid, Marcial Pons, 1990, 87-122.47

Bastara recordar la doctrina de Pothier: al criado domstico (las personas que viven en nuestra casa y comen nuestro pan) no se le pagan sus servicios, siempre indeterminados; el salario resulta ms bien el precio del ttulo y de la calidad de servidor (Alonso Olea cit. [n. 29], pp. 187 ss). Por su parte, el proyecto de 1821, ese truncado cdigo civil de la constitucin de Cdiz, coloca al sirviente bajo la dependencia (y los poderes correctivos: art. 462) de su amo o superior, ocupando un status propio en el mbito familiar (cf. lib. II, ttulo IV, arts. 455 ss De la condicin de superior y dependiente); cf. tambin Arrazola cit. (n. 24), p. 772. El derecho recopilado estableca normas severas para los criados: cf. Novsima Recopilacin 6.16.1 ss, llenas de prohibiciones. Pero falta an un estudio de la servidumbre domstica.48

20 comercio, industria, educacin de nios jvenes, desempeo de oficinas de Cuenta y Razon, y demas de iguales y semejantes clases49. Aunque el diccionario de la Academia todava consagrase por entonces aquella acepcin de mecnico como lo que es bajo e indecoroso, el adjetivo significaba (desde 1817) lo que pertenece los oficios obras de los menestrales50, en trminos ms neutros que anuncian las definiciones liberales de la novena edicin (1843). Y sin embargo, olvidada la experiencia gaditana, el reproche a las tareas manuales se mantuvo muy vivo en los libros jurdicos. Sigui en uso la distincin de trabajos ms y menos elevados, con la consiguiente calificacin de los servicios como arrendamiento o mandato, y en 1851 an puede afirmarse que no son materia del arriendo si no el trabajo industria mercenarios: lo que se da los abogados, y profesores de ciencias artes liberales se llamaba entre los Romanos salario honorario51. Entre insistentes prohibiciones (cf. Novsima Recopilacin 7.33.6, 1785; 7.33.7, 1804-1805; 7.33.8, 1790) y encendido fervor popular, la tauromaquia presenta caractersticas particulares; adelantemos que, desde el punto de vista jurdico, sus protagonistas trabajadores manuales por lo comn, que saben adems lidiar

Orden de 24 de junio, 1821, en Coleccin de los decretos y ordenes generales expedidas por las Cortes VII, Madrid, Impta. Nacional, 1821, p. 186, lo que pas al proyecto coetneo de cdigo civil (cf. art. 79). Pero hubo opiniones muy crticas: cf. Concluye el examen de la Memoria sobre elecciones de Ayuntamientos, dirigida las Cortes por D. Jos Churruca, en El Censor. Peridico poltico y literario, VII, Madrid, Impta. del Censor, por D. Leon Amarita, 1821, n 42 (sbado, 19 de mayo de 1821), 429-439, p. 436: se quiere que el ciudadano que haya de nombrar los oficiales municipales, y el que aspire ser nombrado, tengan algo que perder, y no sean simples jornaleros y dependientes en un todo de las clases acomodadas, aun cuando no estn precisamente en la clase de sirvientes domsticos, con la consecuencia del sufragio concedido segn las listas de contribuyentes (p. 437).49

Diccionario de la lengua castellana. Por la Real Academia Espaola. Sexta edicin, Madrid, Ipta. Nacional, 1822, p. 526, pero se reproduce como digo la quinta edicin (1817). En tal ao se suprimi el sustantivo mecaniquez, que desde 1783 serva para designar la vileza, desdoro que resulta de ocuparse en cosas mecnicas.50

Florencio Garca Goyena, Concordancias, motivos y comentarios del Cdigo civil espaol (1852), Zaragoza, Impta. Cometa [Ctedra de Derecho Civil], 1974, p. 799, a propsito del art. 1.523 del proyecto de cdigo de 1851 la base de nuestra ley actual, segn es bien sabido.51

21 toros parecen doblemente despreciables52. En efecto, tras el xito del toreo a pie retribuido, actividad propia de las capas ms humildes de la sociedad espaola, se hace evidente la relacin de ciertos oficios mecnicos y la prctica del espectculo taurino: del matadero sevillano a la plaza de toros (recurdese otra vez aquella compaa de novilleros-cortadores creada para jugar una corrida en 1841) el recorrido ha sido muy corto53. Por otra parte, la escasa consideracin social que merece un matarife (o, para el caso, un oficial sombrerero) a causa de su actividad manual se agrava cuando ese artesano emprende una lucha con los toros: un oficio, el ms servil y mercenario a juicio de la Junta madrilea de Hospitales54, diversin legalmente proscrita (aunque tan popular que debe ser tolerada)55 e infamante (la opinin pblica infama [a los toreros] en cierto sentido) que slo le interesa al jurista porque lidiar con alguna bestia braua o ejercer de cmico y farsante pblico de profesin permite excluir al hijo en la sucesin paterna, segn unaSobre las famosas prohibiciones y su particular reflejo en Sevilla, cf. GarcaBaquero cit. (n. 9), Sevilla en la polmica antitaurina de la Ilustracin (2003), 345-367.52

Entre los oficios mecnicos de la metrpoli de Andaluca, escribe Velzquez cit. (n. 2), p. 169, refirindose a los primeros aos del siglo XIX, zapateros y sombrereros se dedicaban la aficion de torear, dando algunas fiestas de novillos todos los aos, a favor de alguna hermandad cofrada, bien por contratas con empresas, que esplotaban as el estimulo de la curiosidad con el aliciente de estas exhibiciones extraordinarias; y, en efecto, el diestro Juan Len naci en el seno de una familia de sombrereros (ibid. p. 187). Cf. tambin Garca-Baquero cit. (n. 9), El macelo sevillano y los orgenes de la tauromaquia moderna (1990), 59-74, con tiles informaciones, literarias y grficas, para el siglo XVI; tambin Garca-Baquero y otros cit. (n. 9), pp. 68 ss de La invencin sevillana de la corrida moderna; vid. p. 67, donde los autores recogen un texto del varilarguero Jos Daza (1778) sobre el catico pblico del coso hispalense, que parece un burdel lo ms soez y mecnico de su vecindario turbamulta o chusma de tunos, [y] truhanes Son cosas que merecen ms adelante nueva atencin.53 54 55

Cf. Cosso cit. I (n. 3), p. 594, texto correspondiente a 1778.

Y as, los estudiosos del incipiente poder ejecutivo (cf. Manuel Ortiz de Ziga, Elementos de derecho administrativo, III, Granada, Impta. y Librera de Sanz, 1843) abordan las fiestas taurinas justamente entre las Diversiones prohibidas (p. 199), a la espera de que los progresos de la razn pblica [las] desterrarn ms tarde o ms temprano (real instruccin de 30 de noviembre, 1833, art. 58); los jefes provinciales, encargados de dar la licencia ( su buen juicio), deben acelerar indirectamente este beneficio, rehusndolas otra proteccin que una simple tolerancia. No dice ms, centrado en el derecho vigente, Pedro Plasencia, La fiesta de los toros. Historia, rgimen jurdico y textos legales, Madrid, Trotta, 2000.

22 vieja ley de Partidas (7.6.4) que todava se recuerda en pleno siglo XIX56. Se comprende as que la primera suma de las profesiones taurmacas, escrita en los aos 1770 por uno de sus practicantes en calidad de picador, intente justificar que el ser toreador de a caballo y a pie no es ni lo tengan por oficio mecnico, porque carece de pesos y medidas y no necesita licencias eclesisticas ni reales para ejercerlo al pblico, como los que lo son u otros de mayor estofa. Torear es un arte valeroso y robusto, engendrado y distribuido por el entendimiento, la ms noble de las potencias dela alma57. Mas estas cosas no dependen de una cuestin de preferencias o de interesada voluntad cuando el motivo del reproche jurdico est en la existencia de remuneracin. Los juglares, remedadores y cuantos fazen juegos por precio (entre ellos, claro est, los que lidian con bestias brauas por dineros que les dan) son, advierte la ley medieval, enfamados porque se envilecen ante todos por aquel precio. Recibir dinero por arriesgar la vida o por exhibir en pblico una habilidad especial en pocas palabras, por hacer del arrojo profesin se considera en derecho una accin vil58. Incluso resultara actividad sospechosa, si otro pasaje de las Partidas limita la capacidad de aquel que lidia con bestia braua por precio quel den: a ste se le prohbe generalmente asumir la defensa de intereses ajenos en juicio (ser bozero por otri si non en casos sealados), pues quien corre tan grave peligro a cambio de dinero non dubdaria delo recibir, por hazer engao, o enemiga, en los pleitos que ouiesse de razonar (3.6.4). Queda entonces a salvo y sin tacha enfrentarse al toro tan slo para medir las propias fuerzas (misma ley 3.6.4). De manera que el carcter mercenario de la tauromaquia las formas populares que triunfan en la corrida moderna sera laCf. Pablo Gorosbel, Examen de los principios del derecho civil espaol, III, Madrid, Impta. Juan Ignacio Mendizbal, 1834, p. 92, con las palabras que incluyo en el texto; Eugenio de Tapia (ed.), Febrero novsimo VII, Valencia, Ildefonso Mompi, 1837, p. 45; ms preciso (slo causara desheredacin ejercer de matador contra la voluntad del padre, no sindolo ste) se manifiesta el sevillano Manuel Ortiz de Ziga, Biblioteca de escribanos, , Tratado general terico-prctico para la instruccin de estos funcionarios (1841), I, Madrid, Impta. Vda. de Jordn en Hijos, 18443, p. 193, recordando Partidas 7.6.4.56

Josef Daza, Precisos manejos y progresos del arte del toreo (1778), ed. Rogelio Reyes Cano y Pedro Romero de Sols, Sevilla, Fundacin Real Maestranza Universidad de Sevilla, 1999. Cf. Garca-Baquero cit. (n. 9), El orden de la Fiesta y la Fiesta del orden, 34-57, p. 44.57

Aqu se proyecta la sombra del derecho romano: la lex Iulia de vi priv de testimonio quive ad bestias ut depugnaret se locauerit (Digesta 22.5.3.5).58

23 condicin misma de su vileza. Tal vez fuera cierto que esta disposicin legal [no] tiene efecto alguno en el da, segn pudo escribirse59 a fines del perodo que estudiamos pero, en rigor, la ley de Partidas (vigente desde Alfonso X y Alfonso XI hasta Alfonso XIII) estableca una infamia de derecho que castiga a los toreros. Y as seguimos dentro del menosprecio al trabajo manual (los oficios mecnicos del torero pedestre) acentuado por la prctica de una actividad ldica de estatuto jurdico ms que discutible. Si retomamos nuestras escrituras tras el excurso anterior, mal que bien justificado por la locacin de una obra pirotcnica para las corridas de toros en la ciudad de Llerena, podemos dar cuenta por fin del raro contrato de 1784, antes descrito. Recurdese que Pepe Illo se ajusta con la Maestranza como su primera espada, por tiempo indeterminado y un estipendio anual de 9.500 reales. Con mayor insistencia que en otros convenios las escrituras de un estilo que llam servil el torero se compromete a lidiar no slo las ocho corridas de la temporada, sino tambin festejos extraordinarios cuando as lo decida la corporacin; en tal caso no tiene derecho a ms paga. Responde el acuerdo a un arrendamiento de obra, cuya ejecucin consistira en matar al toro en el ruedo? La respuesta debe ser claramente negativa. Como sabemos, el contrato de obra se dara en aquellos artesanos a los que hemos contratado para hacernos una por una cierta suma (Pothier) y por eso los obreros, que no tienen estatuto de servidores, trabajan sin recibir rdenes segn su leal saber y entender; ajeno a la labor realizada, el locatario-cliente tan slo puede reclamarles la ejecucin honesta de la obra que se han obligado a hacer60. Muy otro ha sido el caso que ahora analizamos. Primeramente, en lo concerniente al objeto contractual, la muerte pblica del bovino un evento que, por lo dems, no siempre tiene lugar61 culmina una actuacin rica en lances,Florencio Garca Goyena y Joaqun Aguirre, Febrero novsimo VII, Madrid, Impta. de Ignacio Boix, 1842, p. 199. Para valorar el rigor de tan singularsima causa de desheredacin conviene recordar las causas generales: atentados contra la vida, honra o bienes del padre, abandono de la religin y faltas graves a la gratitud y piedad filiales.59 60 61

Alonso Olea cit. (n. 29), p. 187.

Aparte la costumbre de indultar al toro, pienso ahora en festejos donde no moran todas las reses, como en el contrato de Juan Nez, alias Sentimientos, con la empresa de la plaza de Alicante (13 de septiembre, 1813); el torero estoquea cuatro toros cada tarde, quedando dos para otros juegos (se han de vanderillear jugndose seis toros, de los cuales el primero y segundo o los dos ultimos havian de salir embolados y los haban de torear los toreros de capa, como igualmente los aficionados que quisiesen salir a sortearlos). En el mismo

24 contrastes y acasos; sometida a una secuencia tcnica precisa (codificada gracias a una obrilla, que demuestra sus reglas, realiza sus suertes, y patentiza el debil y fuerte de un arte tan brillante, que no solo arrastra tras s el afecto Espaol, sino el de todos los Extrangeros, que ven, y observan las lidias)62 sus tiempos son, en s mismos, el autntico espectculo contratado. De su ejercicio suele resultar la muerte del toro, pero esta suerte tan difcil (la de mas merito, y mas lucida la que lleua mas cumplidamente el gusto, y la satisfaccin de los expectadores)63 no constituye el objetivo perseguido por las partes: ms precisamente se trata de capear, lidiar y matar, segn la expresin sinttica que emplea alguna escritura. Con razn ha entendido Jos Mara de Cosso, a propsito del disputado momento seminal de la corrida moderna, que si en Ronda la muerte del toro es el fin mismo de la fiesta, en el toreo de Sevilla no sera su fin, sino su final64. Jurdicamente no poda expresarse mejor el asunto. En segundo lugar, la independencia profesional del artesanoarrendador que ejecuta la obra exclusivamente apoyado en su saber no se excluye del arrendamiento de servicios salvo que pensemos, de nuevo, en la corta libertad de actuacin que le toca al sirviente domstico. Desde luego, nadie como un torero-tratadista para actuar segn las normas del arte (en regla y con el mayor esmero posible para el mejor lucimiento de las corridas, o bien: segun es practica y estilo, procurando dar gusto al Publico con todo quanto est de nuestra parte y nos sea posible, segn leemos en las escrituras)65, pero as sucede, en realidad, siempre que contratamos una especie determinada de servicios (Pothier). Que, a pesar de todo, la autonoma del artesano no est reida con la sumisin y obediencia debidas al patrono lo demostrara precisamente nuestro acuerdo de 1784. Por una de sus clusulas Delgado-Illo asume la obligacin de servir [a la Maestranza] con antelazin a otras qualesquiersentido, los contratos de Luis Rodrguez para funciones de toros en Llerena y Fuente del Maestre especifican la obligacin de matar slo dos (los dichos toros de muerte) de los cuatro que se lidian cada tarde (18 de agosto, 1830; 11 de agosto y 3 de septiembre, 1832). Josef Delgado (alias Illo), La Tauromaquia, o arte de torear, Cdiz, Impta. Manuel Ximnez Carreo, 1796, Al lector.62 63 64 65

Delgado (Illo) cit. p. 17. Cf. Garca-Baquero cit. (n. 57), p. 39.

Se trata, respectivamente, de la obligacin de torear que otorga Juan Lucas Blanco a favor de los empresarios de Madrid (25 de enero, 1846) y del contrato de Juan Len para unas funciones en Mlaga (26 de agosto, 1820).

25 funciones de toros que en esta ciudad y fuera de ella aun que sea en reinos estraos y con aventaxadas utilidades y conueniencia se me puedan presentar; es decir, el matador renuncia a romper por su conveniencia el acuerdo celebrado aunque tuviese en tal caso que indemnizar a la corporacin los posibles perjuicios. No me entretengo ahora a considerar esta ltima disposicin, presente en tantas escrituras, motivada por la clsica rivalidad entre la corporacin hispalense y la Junta madrilea de Hospitales por contratar a los toreros de ms nombre66. Es ms interesante aquella otra previsin que deja al criterio de la Real Maestranza la ejecucin de los compromisos de Illo segn un ajuste que se aprueba por tiempo indeterminado: toca a la institucin, recordemos, decidir el nmero de corridas y de toros que el torero debe lidiar dentro y fuera de la temporada, sin derecho a ms del sueldo establecido: primera espada en todas las funciones de toros que se le ofrezcan y celebraren cada ao me obligo desde el presente ao, y oy de la fecha, en adelante todo el tiempo, y que por dicha real Maestranza no se me despida con lextima causa y en el caso que dicha Real Maestranza celebre mas funciones que los dichos quatro das no me de escusar ellas ni pedirla por esta rason mas sueldo ni salario que el que v estipulado, y la adeala gratificazin que por esta rason voluntariamente me quisiere librar por aquel trabaxo. Y viceversa, al menos en teora (pero fue teora que la prohibicin carolina de 1785 convirti en realidad muy efectiva)67, Illo ganarLa disputa sobre la contratacin de Joaqun Rodrguez, alias Costillares, en 1776 constituye uno de los primeros y ms sonados episodios: cf. Archivo de la Real Maestranza cit. tomo III, tenencia 13, carpeta 12, n 4. Los problemas se reproducen en 1784, ahora interesando tambin a Illo; la Junta de Hospitales propone a la corporacin hispalense que cambie de fechas sus corridas, de modo que sean compatibles con las nuestras pues son los nicos estoques de esta Plaza sin tener otro alguno que les supla, lo que no sucede as a VSS., pues tienen en ese Pas a Pedro Romero y a Conde (ibd. tomo IV, tenencia 15, carpeta 2, n 4).66

Por escritura de 2 de marzo, 1787, Illo acepta un finiquito de 4.750 reales, dando por extinguido su nombramiento de primera espada (as como mi ocupacion atento a dicha prohibicin, del derecho y accion que tubiere a continuar gozando el salario). La suspensin de festejos dur hasta 1791, cuando Carlos IV los autoriza bajo ciertas condiciones (cf. Marqus de Tablantes [Ricardo de Rojas y Sols], Anales de la plaza de toros de Sevilla, 1730-1835 [1917], rep. facs. Sevilla, Real Maestranza, 1988, p. 138), aunque el asunto se demor hasta la temporada de 1793 por la cerrada oposicin a los toros del asistente Jos de valos (ibid. pp. 141 ss); cf. Garca-Baquero cit. (n. 52), 347-366. En el Archivo de la Real Maestranza, tomo IV, tenencia 16, carpeta 1, veo una splica en papel sellado de Illo (firma, torpe y excepcionalmente,67

26 sus 9.500 reales al ao aun sin torear. Resulta as evidente que el sueldo se le paga por estar a disposicin de la Maestranza y no por los (contractualmente indeterminados) resultados del quehacer taurino. Constituido de ese modo en servidor del real cuerpo, convertido, por la fuerza del contrato, en algo parecido a su criado (trmino ste que contiene segn vimos la escritura), encuentra perfecto sentido que Illo se comprometa todava a respetar y obedecer a su patrono: pues proceder el despido (sin derecho entonces a reclamar daos) en caso de delito o culpa indecoroso, incluso por simple desatencin que manifieste a la noble institucin o a cualquiera de sus miembros. Con ello las clusulas referidas aproximan este contrato de servicios a los ajustes propios de los sirvientes esa clase de acuerdos donde el salario sera, ensea como sabemos Pothier, el precio del ttulo y de la calidad de servidor; una referencia final a la manutencin, fuera de lugar en razn del contexto (sin ningn derecho de pedir la manutencion, salario ni otra alguna accion), as como la imposibilidad de lidiar en tanto causa que justifica la prdida del salario siendo por culpa del torero nos indica el modelo contractual que aqu se ha tenido presente68. Un convenio extraordinario el de Illo, sin duda. Diversa posicin ocupan Juan Garca Nez, alias El Quemado, y Juan Len frente a los empresarios que los contratan. Las respectivas escrituras, otorgadas en los aos 1816 y 1829, representan adems las dos variantes de prestacin profesional que ofrece nuestra documentacin taurina: la primera da forma jurdica a una salida, esto es, al acuerdo de torear en da o das sealados, en tanto la segunda responde al ajuste del torero por una temporada completa. En 1829 Juan Len se contrata como primera espada para los festejos de Madrid. La fijacin del nmero de corridas y de toros, loJoep Hillo), 18 de diciembre, 1786. Ah recuerda su ajuste como primera espada por 9.500 reales, de los que en 1785 slo ha percibido la mitad (pero slo se lidiaron ese ao 38 toros: Tablantes, p. 137); alegando la enfermedad de su padre pide ahora el resto, ms lo correspondiente al ao en curso (se sirvan mandar se me pague el salario devengado hasta el dia). Se trata del antecedente de la carta de finiquito mencionada (me desisto y aparto de dicho encargo de su primer matador, distratando como distrato dicho contracto, y lo chancelo y doy por de ningn valor ni efecto), de la que veo un copia en el mismo Archivo, tomo IV, tenencia 16, carpeta 2. Cf. Arrazola cit. (n. 24), p. 272: el criado domstico adems de la obligacin que contrae de prestar los servicios se sujeta a la autoridad domstica del amo. De aqu nace otro orden de derechos y obligaciones de fidelidad, obediencia y respeto.68

27 mismo que su concreta actuacin, sera cosa del asentista Manuel Gavira en funcin de los permisos obtenidos, de su criterio como empresario y de la presencia de este o aquel otro torero lo que obliga a respetar las debidas jerarquas69; eso justifica la crecida ayuda de costa que recibe Len (nada menos que 24.000 reales, en tres plazos; el segundo quando se hayan ya jugado cuatro seis corridas de toros), en relacin a las sumas, ms bien modestas, previstas por cada corrida (2.000 reales) o media corrida (1.500 reales); se dira que el contrato (un nuevo ejemplo de locacin de servicios) contempla el pago de un sueldo que es, a un tiempo, de carcter fijo (los 24.000 reales, no slo compensatorios de los gastos)70 pero tambin calculado al destajo (esto es, segn las corridas toreadas). De todas formas, la disponibilidad del matador no le impide realizar salidas de la Corte, siempre y cuando no perturben los festejos de Madrid71; la regla vale en particular para el verano (clusula sexta).

7. Que si Juan Jimenez trabajase en alguna de las corridas de toros que se han de celebrar en la expresada dicha Villa y Corte de Madrid alternando conmigo, en tal caso se h de anunciar en los carteles, ponindome en primer lugar, y el Jimenez en segundo por ser yo mas antiguo que l, en matar como primera espada. La clusula siguiente, que contempla el caso de accidente durante la lidia, deja abierto el nmero (dos o tres) de primeras espadas por tarde; las noticias de prensa correspondientes a ese ao permiten comprobar la presentacin de funciones con tres espadas (por ejemplo, lunes 27 de abril, primera corrida de la temporada: matan seis toros por la maana Juan Len, Manuel Lucas Blanco y Manuel Parra, cf. Diario de Avisos de Madrid, 26 de abril, 1829) y otras con slo dos (as la segunda mitad de la tercera corrida, prevista para la tarde del 31 de agosto, con Juan Len y Manuel Parra, ms Pedro Snchez como media espada para matar el quinto toro: Diario cit. 31 de agosto, 1829).69

Pues, por el mismo concepto de gastos de viaje, los miembros de la cuadrilla reciben solamente 1.200 reales de una sola vez, al emprender la marcha a Madrid (clusula 4); esa condicin fija tambin el salario de cada uno por da entero (400 reales) o medio da (300 reales).70

5. Que si en el tiempo de mi estada en Madrid me salieren algunas Funciones de toros fuera de aquella Corte, se me ha de permitir que baya trabajarlas, sin perjuicio de no hacer falta en los das que se anuncien toros en dicha Villa y Corte por haberse asi estipulado. En la escritura de Juan Lucas Blanco antes cit. la empresa madrilea concede dos salidas, sin que en cada salida pueda faltar de dicha Corte ms que una corrida o sean trece das prometiendo hacer lo posible para arreglar las salidas de manera que la Empresa por su falta no deje a echar corridas; una clusula similar seguramente, estilo de la empresa encontramos en la escritura del picador Pedro Romero, alias El Habanero, de 25 de enero, 1846.71

28 Probablemente esas salidas ocasionales cuajaran en un contrato similar al suscrito en 1816 por Juan Garca Nez, el Quemado, para unas funciones de toros en Badajoz (de sorteos, Banderilleros y Muerte). Tres das de fiesta, en los que el dicho Quemado se obliga, por 15.000 reales de velln, a matar los toros que se le echen sin poder faltar a ninguna de las tres funciones; con esa cantidad tiene que afrontar los gastos72 y el sueldo de su cuadrilla. Cul es ahora el objeto del contrato, la disponibilidad profesional del torero o la concreta ejecucin de una obraespectculo? Lo primero conduce a lo segundo, desde luego, pero la circunstancia ms relevante para calificar la relacin como arrendamiento de obra se encontrara en la definicin precisa de los trabajos taurinos que tiene lugar en este caso: mientras la contratacin por temporada cuando menos en el supuesto recordado del liberal Juan Len ha dejado en manos de la empresa la disposicin profesional del torero, en la segunda modalidad de actuacin queda claro, sin otros actos de voluntad del empresario, cul tiene que ser la obligacin laboral que asume el lidiador. En cualquier caso, parece irrelevante la insistencia en la muerte de los toros que recoge la escritura (matar los toros que se le echen), pues la clusula en cuestin, lejos de reducir el objeto contractual al sacrificio artstico del animal, se explica por la prctica, en absoluto infrecuente, de fijar cierto nmero de toros de muerte en cantidad inferior a la de toros lidiados; en este sentido, la prestacin del Quemado consista en matar los animales que se le mandaren, sin derecho a recibir una retribucin adicional: pues hay otros ajustes (alguno del propio Quemado) en que la paga aumenta cuando el torero mata ms reses que las previstas inicialmente en el contrato73.La empresa se haca cargo de la estancia y el viaje de regreso a Sevilla si las funciones se supriman por fallecer alguna real persona; un retraso motivado por mal tiempo daba derecho al abono de los gastos adicionales.72

Con condicion que en el caso de pedir el publico algun toro fuera de los del trato para que se le matare, pacta Sentimientos con el empresario de Alicante, se le havia de pagar por el Asentista al dicho Matador Juan Nuez por prorrata, esto es, en funcin de los 3.200 reales por corrida de seis toros y cuatro de muerte, 7 de septiembre, 1803. Esta previsin parece clusula de estilo en las escrituras que otorga Antonio Montao, alias el Fraile, ya sea con referencia a una convencin posterior (el asentista pagar lo que convengamos, por haberse asi contratado, 29 de agosto, 1828), ya sea fijando desde el principio una cantidad determinada (en caso de muerte de algn otro toro se nos ha de satisfacer [a Montao y al Quemado] por el asentista por separado de lo estipulado doscientos reales de velln por haberse asi contratado, 29 de agosto, 1829). Los contratos del Fraile ilustran adems las circunstancias en que tienen lugar estas ejecuciones extraordinarias: Que si en qualquiera de las73

29 Ms all de las dudas sobre la naturaleza jurdica del pacto no resultan de gran relevancia prctica: arrendamiento de obra y arrendamiento de servicio confluyen en consecuencias jurdicas al contratarse un espectculo es fcil comprender las diferencias que lo separan del celebrado por Juan Len con Manuel Gavira en funcin de las circunstancias, tan distintas, que se dan en ambos. Sin llegar a la duracin indefinida, el contrato de temporada establece una relacin que es, por definicin, de tracto sucesivo; al desarrollarse en el tiempo, la determinacin de los servicios comprometidos le toca al empresario, cuyos poderes de direccin carecen por el contrario de sentido cuando se trata de una salida singular. Por otra parte, los pactos econmicos de la escritura pueden reflejar tambin otras diferencias: ms complejos en el contrato de temporada (sumas por corrida, ayudas de costa, sueldo de la cuadrilla, momento del pago) que no en la salida, donde interesa simplemente establecer el precio de una actuacin lugar, da, reses a lidiar precisa. II.- LAS PARTES. CAPACIDAD DE OBRAR. CASOS DE INTERVENCIN DE REPRESENTANTE. Veremos enseguida que la compensacin en concepto de viaje y estancia no se limit al acuerdo de temporada, como tampoco fue algo exclusivo de la salida la fijacin de un estipendio pagado por una sola vez. En su notable regularidad sustancial, las condiciones econmicas de las escrituras resultan variadas en detalles; deben analizarse, por tanto, sin tener que insistir de nuevo en la naturaleza jurdica del contrato. Hay sin embargo una cuestin de carcter previo. Ya sea arrendamiento (en cualquiera de sus especies) ya sea sociedad la validez del convenio exige el consentimiento libre y sin vicios de personas plenamente capaces, o bien la asistencia del titular de la patria potestad o de la tutela de un otorgante incapaz. Por otra parte, las corporaciones o entes colectivos actan por medio de representante, una posibilidad reconocida en derecho que es tambin muy til cuando las partes contratantes estn ausentes por alguna razn. De todos estos particulares nos informan los documentos sevillanos.vistas se matase algun toro ms de los dos que se han contratado, bien por que lo pidiese el publico, que lo mandase la autoridad, se me han de abonar ademas de la suma prefijada doscientos reales por cada todo que se mate, 3 de agosto, 1833; la clusula se reproduce a los pocos das en el ajuste de Montao con el Ayuntamiento de Zafra, 12 de agosto, 1833.

30 Segn las reglas del derecho castellano el cumplimiento de veinticinco aos de edad determina la mayora y con ella la capacidad de obrar plena, pero los menores pberes (de doce o catorce aos, segn sexo femenino o masculino) gozan de un grado notable de actuacin independiente en relacin a ciertos tipos de bienes que constituyen los llamados peculios74. Por eso, junto a la identidad del otorgante los escribanos deben comprobar su edad y facultades para el acto de que se trata, un extremo no siempre reflejado en la carta mas implcito en la declaracin notarial de conocimiento (a quien doy fe conozco), que nunca falta; no suele entonces constar la mayor edad, si bien, de modo excepcional, los contratantes llegan a declarar ser mayores de 25 aos, sin sujecin a patria potestad (16 de agosto, 1845) o tambin que un lidiador jurdicamente minucioso confiese ser de estado soltero mayor de veinte y cinco aos que por mi rijo y administro mi persona y vienes (Francisco Herrera Guilln, 12 de octubre, 1803). Por el contrario, cuando contrata un menor siempre se registra la autorizacin paterna, al menos tcita; as sucede en la escritura de los novilleros Ramn Daz (mayor de edad), Antonio Ortiz (de veinticuatro aos) y Toms Lobano (de diecinueve), ajustados para una funcin sevillana el 13 de octubre, 1846: aunque los dos ltimos se hallen bajo la patria potestad manifiestan tener permiso de sus respectivos padres, en corroboracion de lo cual declaran haber matado antes de ahora novillos sin contradiccin de los mismos sus padres. En cierta ocasin el torero adolescente jura no oponer al contrato los beneficios de la minora (por ser menor de veinte y cinco aos jura y promete en forma de derecho ante m y testigos de cumplir y haber por firme esta Escritura y no oponerse a ella por ser menor de edad); se piensa sin duda en la restitucin integral, una frmula jurdica que permite a los menores anular acuerdos perjudiciales a sus intereses (cf. Partidas 6.19.1)75.

Asso y De Manuel cit. (n. 23), p. 3; lvarez Cora cit. (n. 23), pp. 198 ss, pp. 370 ss. Los proyectos de cdigo mantienen, con variantes menores, los lmites tradicionalmente fijados, que son los del derecho romano: cf. proyecto de 1821, arts. 57 ss; proyecto de 1836, art. 18.74

Contrato del joven Francisco Arjona Guilln, luego clebre Curro Cchares, para unas corridas en Ronda, 10 de abril, 1839; cf. lvarez Cora cit. (n. 23), pp. 91 ss. Pero varios aos antes (26 de julio, 1833) los carteles sevillanos podan anunciar que para mayor diversin del pblico, despus de muerto el cuarto toro, se soltar un becerro eral, que banderillear y estoquear Francisco Arjona (Cchares), de edad de quince aos, alumno de la escuela de tauromaquia de esta Ciudad (Velzquez cit. [n. 2], p. 235).75

31 El consentimiento que da vida al negocio ser vlido aun prestado por escrito o entre personas que emplean lenguas diferentes (cf. Partidas 5.11.2: si el vno fablase latino, e el otro arauigo, vale la promission), disparidad que salvar un intrprete en garanta del valor jurdico de una voluntad no viciada ( solamente que se entiendan el vno al otro). El caso, ms bien extico dado el giro de servicios que nos ocupa, ha dejado sin embargo constancia en la escritura que otorga el londinense Michael Hart, alias Incombustible; comprometido en 1839 a exhibir las suertes de su arte que elijan los Asentistas (18 de mayo), probablemente algn ejercicio acrobtico (bien pagado: 4.440 reales por funcin), aparece en la carta un Juan Antonio Bailley a ttulo de intrprete y testigo. Como la presencia de acrbatas ingleses en el coso sevillan dist de ser infrecuente76, es fcil suponer la existencia de otros documentos con la misma solucin. En razn de estado familiar la mujer casada necesita para obligarse vlidamente la autorizacin del marido77. Por eso, en un infrecuente convenio de fecha 28 de septiembre, 1846, al contratarse las toreras sevillanas Soledad Alcobendas, Isabel Ruiz y Josefa Ortega al objeto de lidiar unos novillos en Cdiz, las dos primeras en calidad de picadoras y como matadora la ltima, declara Josefa ser mayor y viuda, esto es, plenamente capacitada para obrar sin intervenin de tercero; tambin lo estn Isabel y Soledad, mayores que dijeron ser de veinte y cinco aos de estado solteras sin sujecin a patria potestad ni otro ageno dominio78. No acaban ah las pocas noticias reunidas sobre la situacin de las partes en los contratos. Este es el pas de los toros y de los toreros, se afirma hacia 1840 en una descripcin del ruedo hispalense, casi todos los que salen la plaza, al menos los mejores, son casi siempre sevillanos, andaluces79. La observacin sugiereCf. Tablantes cit. (n. 67), p. 202 (compaa inglesa de volatines y caballos, temporada de 1815), p. 205 (temporada de 1817), p. 209 (temporada de 1824). En la escritura de arrendamiento de la plaza de 29 de noviembre, 1844, la Maestranza se reserva la mitad del subarriendo del coso cuando los asentistas lo cedan para espectculos de tteres u otra clase de funciones.76

Cf. lvarez Cora cit. (n. 23), p. 29. La norma de referencia se contiene en la ley 15 de Toro (1505).77

No se hace cuestin de la capacidad negocial de Josefa de los Santos, Gertrudis Chico y Mara Rodrguez Zarco al contratarse como picadoras para una novillada, 7 de septiembre, 1846.78

Calixto Bernal, Miscelnea. Impresiones y recuerdos, Madrid, Impta. Francisco Diez, 1843, p. 361.79

32 ahora que la ciudad de Sevilla, contemplada desde el archivo de protocolos, se presenta como un dinmico centro de contratacin (uno de los focos ms activos de la Espaa taurina, ha escrito con razn Garca-Baquero) que negocia ofertas llegadas de cien lugares de Espaa y de la vecina Portugal. Nunca ms al norte, eso s, de la capital del reino: Madrid, Cdiz, Ronda, Crdoba, Zafra, Alicante, Mlaga, Huelva, Granada, Badajoz, Lisboa, cija, Llerena, Beja80, Carmona, Cceres son destinos profesionales de los lidiadores sevillanos, contratados por agentes de asentistas y organizadores de festejos, no pudiendo personalmente pasar a la ciudad de Sevilla y otros puntos del Reino, confiesa uno de ellos81, a proporcionar lidiadores, toros y demas utiles necesarios. En tales supuestos, cuando el escribano no acepta sin ms documentos la condicin de mandatario que alega el contratante segn ha sido la regla82 se adjunta a la escritura el poder que exhibe la parte, quien declara adems no haberle sido revocado83. A veces el representante que no muestra su ttulo en realidad se obliga como fiador84 y es posible anEs la nica posibilidad que se me ocurre para descifrar el topnimo portugus transcrito por el escribano: Becia.80

Poder de los empresarios de Cceres a favor de Ramualdo Soriano, 3 de julio, 1847, anejo al contrato que ste suscribe en Sevilla con el torero Juan Martn, alias La Santera, 21 de julio, 1847.81

Al comprometerse Manuel Diaz, alias Lavi, con los empresarios de la Maestranza acta mediante un Antonio Snchez, sevillano, quien declara haber recibido del torero gaditano la autorizacion instrucciones necesarias para contratarlo con dichos asentistas, probablemente mediante encargo verbal que acepta sin ver los poderes el escribano (25 de febrero, 1847). De naturaleza similar sera el mandato que ejecuta Manuel Gamero, del comercio de Sevilla, cuando contrata al picador Jos Fabre y los banderilleros Juan Jos Rivera y Manuel Mara Mariscal por cuenta de Felipe Zepillo, asentista de Granada (4 de agosto, 1830).82

Por escritura de poder, ensea un prctico de mediados de siglo, se entiende aquel instrumento pblico por cuyo medio una persona da otra facultad para que le represente y haga sus veces en los negocios que le determina (Juan Ignacio Moreno, Tratado elemental sobre el otorgamiento de instrumentos pblicos, Madrid, Impta. de Antonio Yenes, 1847, p. 350). Entre los ejemplos posibles podemos recordar otra vez la obligacin de torear de Martn con la empresa de Cceres cit.; en el contrato de Antonio Montao con el Ayuntamiento de Zafra el regidor que acta de representante de esa corporacin exhibe poder que el escribano declara bastante, pero no se inserta copia en la escritura, 12 de agosto, 1833.83

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